Enseñanza y educación IV: Los profesores
14 de Mayo, 2008Reconozco que hablar del profesorado me ha costado más que otra cosa. Quizás porque sea mi vocación, porque lo llevo dentro, o simplemente, porque forma parte de mi vida, y en ocasiones lo interno es más difícil expresarlo que los sentimientos hacia lo externo.
Es cierto que el profesorado ha cambiado en estos últimos 20 años. La media de edad en los centros de secundaria obligatoria, bachillerato y Formación Profesional es más alta, al menos a mí me lo parece. Y no es que el profesor no haya sabido adaptarse a los tiempos, que los hay que nunca se adaptan a nada, es que los tiempos corren muy deprisa, y hay generaciones que sobrepasan lo que puede ser normal para asimilar.
Pero hay más. Yo noto al profesorado más apático, son más los que “pasan” o tiene miedo de que la situación les desborde, que los que mantienen la ilusión del día a día, y siguen trabajando con los chicos sin darse nunca por vencidos. No encuentran, en realidad los resortes de poyo y autoridad de unos años. Viven en una especie de sobresalto continuo, no ya por la marcha académica de sus alumnos, sino por la inseguridad de sus comportamientos. Un niño puede vocear a un profesor, dirigirse a él con malas palabras, reírse de él o desautorizarle, o sólo desobedecerle, y el profesor propone una “amonestación”, que tras los trámites “democráticos” adecuados, audiencias a alumnos y padres, reunido… no sé quién más, se le sanciona con dos días, o tres, de suspensión de asistencia a clase (ya no se les expulsa). En el mejor de los casos (muy poquitos) el alumno vuelve enmendando su comportamiento, pero la realidad es que, con el apoyo paterno y materno, el chico es perdonado de todos sus males, y en ocasiones castigado sin salir un fin de semana.
